NO TODO VALE
Carlos Balsalobre-Fernández, Dec 16th 2017
Me considero una persona discreta. Las críticas profesionales que, inevitablemente, llegan a todo aquel que se dedique a divulgar conocimiento (en mi caso, en forma de artículos científicos, apps o tweets) nunca me han quitado el sueño. Siempre he pensado que, si a alguien no le gustaban mis tweets, apps o artículos, no pasa nada, pues no hago lo que hago por ganar followers, número de descargas o visitas en ResearchGate; simple y llanamente lo hago porque me apasionan las Ciencias del Deporte y la tecnología y me gusta divulgar sobre ello.
Sin embargo, esas críticas legítimas que todo el mundo tiene el derecho a realizar, se pasaron el otro día de la raya por un grupo de personas que, como a ellos mismos les gusta definirse, son “discípiulos” del Dr. Juan José González-Badillo. Estas personas aprovecharon un hilo de twitter de hace 8 meses en el que sencillamente puse un artículo de mi buen amigo Pedro Jiménez-Reyes para, súbitamente, comenzar a referirse a nosotros como “copiadores”, “imitadores” o incluso “farsantes”. La lógica de estos individuos es que Badillo y sus discípulos son los mayores expertos del mundo en entrenamiento de fuerza basado en velocidad (o como se ha venido llamando en la literatura, velocity based resistance training), y todo artículo que vaya en esa misma línea de investigación y que cuestione algunos resultados son, y cito literalmente de algún infame email que me ha llegado, “chapuzeros”. Es más, dada mi formación como estudiante del Máster de Alto Rendimiento del COE y de Rendimiento Físico de la UPO bajo la (excelente) dirección del Dr. Badillo, es común que términos como “judas” hayan llegado a mis oídos en numerosas ocasiones.
Como digo, soy una persona discreta que generalmente evita el conflicto. Pero el insulto directo del otro día en el hilo que comento ha sido la gota que ha colmado un vaso que se ha ido llenando año tras año desde que salí de la UPO y comencé mi aventura con mis propias investigaciones y apps. Literalmente decenas de personas que, después mía, han pasado por la UPO o por formaciones impartidas de este grupo de personas, me han comentado que, en repetidas ocasiones durante las clases y en público, se me ha criticado, se han menospreciado mis apps y, en ocasiones, se me ha insultado directamente con adjetivos como “judas”. Creo que ha llegado el momento de callar mi silencio y dar mi versión de la historia.
Comencemos por el inicio. ¿A qué se deben estas críticas feroces? Pues bien, bajo mi punto de vista y propia experiencia, todo empezó cuando, como estudiante, decidí crear un libro gratuito con mi amigo Pedro Jiménez para divulgar todos los conocimientos sobre entrenamiento de fuerza que habíamos adquirido a lo largo de los años de la mano del Dr. Badillo. Dicho libro (disponible gratuitamente en la iBookstore y en mi propia web, con ya más de 20.000 descargas) podría fácilmente definirse como una oda al “badillismo”, pues las muestras de respeto, admiración y cariño al que fuera nuestro mentor está presentes desde los agradecimientos hasta las referencias. No hay capitulo en el que, literalmente, no se cite a Badillo y sus trabajos al menos 5 veces. Incluso, propuse a Pedro que comentara a Badillo si podría escribirnos el prólogo del libro. Sospechosamente, esa propuesta nunca fue respondida, y el tiempo me ha enseñado por qué.
Otro punto de inflexión parece ser mi propia Tesis Doctoral. Cuando estábamos mis directores y yo diseñándola, a mi director principal le pareció buena idea hablar con Badillo pues sabía que mi admiración hacia él era muy grande. Así que un día fuimos a su despacho del COE para mostrarle, en una reunión de 10 minutos, nuestra idea de investigación. Después de tirar por tierra algunos de nuestras ideas, salimos por la puerta de su despacho para continuar con nuestro trabajo tal cual lo habíamos planteado en el inicio. Sin embargo, parece que al Dr. Badillo le molestó no haber aparecido de autor en los 3 artículos de mi Tesis pues bajo su lógica, “él diseñó mi Tesis”, y yo soy un “judas” por no incluirle de autor por una asesoría de 10 minutos. Reconozco, eso sí, que debí haberle incluido en los agradecimientos, pero eso es un error de novato que ya no puedo arreglar.
A partir de aquí, mientras yo me encontraba realizando la estancia de mi Tesis Doctoral, con el diseño claro, los datos tomados, y los papers en estado de redacción, fui al laboratorio de St Marys University (Londres) para realizar una estancia de investigación. Dicha estancia me sirvió como inspiración para el diseño de mi primera app, “My Jump”, y desde entonces me he interesado por desarrollar apps válidas, económicas y accesibles pues mi experiencia recogiendo datos para mi Tesis Doctoral no me pareció nada práctica: me desplazaba semanalmente al Centro de Alto Rendimiento de Madrid con un Optojump un T-Force que le compré a Luis Sánchez Medina (otro de los “discípulos”) por lo que eran 3 sueldos míos de aquel entonces y unas células fotoeléctricas.
Semana tras semana, transportaba material que valía unos 10.000€ y pesaba fácilmente 10-20 kg. ¡Tenía que haber algo más portátil y menos caro! Sin embargo, la salida de My Jump y mis posteriores apps como PowerLift no gustó a este grupo de gente: en sus clases de nuevas tecnologías en el máster no la mencionaban nada más que para expresar (sin mencionar los datos de las múltiples validaciones que han salido hasta la fecha) que “no valen para nada” o que “no es serio usar apps para medir a deportistas profesionales”. Incluso, unos alumnos del máster de la UPO que fueron previamente alumnos míos en la UAM me dijeron que no les dejaron usar My Jump 2 como herramienta de medida para sus TFM alegando que “eso no sirve”. Creo que la labor de un profesor e investigador, es ayudar a los alumnos aportándoles conocimientos y herramientas que ellos puedan usar, desarrollar y, por qué no, mejorar. Sin embargo, en este caso había un conflicto de intereses muy grande bajo mi punto de vista: la gente empezaba a cuestionarse si no podrían usar esa nueva app llamada “PowerLift”, o los nuevos acelerómetros tipo Push o Beast para medir velocidad en lugar de un T-Force, pues todo el mundo puede permitirse 10€, en lugar de 2600€. Aunque, evidentemente, el T-Force es el instrumental más preciso, una app de sólo 10€ puede proporcionar mediciones suficientemente precisas (y válidas y fiables tal cual se ha demostrado recientemente) para la mayoría de alumnos que no van a dedicarse a la investigación y que prefieren trabajar en el día a día de un centro de entrenamiento. Así, en lugar de felicitarme por mi trabajo y reconocer que mis apps son una solución asequible para profesionales con inquietudes alejadas de los laboratorios, se dedicaron nuevamente a criticar mi trabajo, a aseverar que no sirven para nada e incluso a mofarse de la idea de usar apps para medir a deportistas profesionales. Sin embargo, por suerte no todo el mundo piensa lo mismo: el pasado mes de septiembre viajé invitado a cierto equipo de la NBA para enseñarles mis apps en mayor detalle, pues comenzaron a usarlas recientemente.
Por último, otro de los motivos por los que este grupo de personas no cesa en su empeño de criticarnos a la menor oportunidad, es alguno de nuestros trabajos científico en el ámbito de la velocidad de ejecución en ejercicios de fuerza. Siempre he entendido la ciencia como una constante progresión apoyada en los trabajos de nuestros predecesores. Creo que así es cómo el conocimiento se crea y se incrementa. Esto, que muchos científicos consideran el objetivo en sí mismo de la ciencia, parece interpretarse como un ultraje por este grupo de personas, que no dudan en definirnos como imitadores y farsantes. En concreto, varios de nuestros trabajos y, sobre todo, los de Amador García-Ramos (un joven doctor que nos ha adelantado a todos por la derecha con una excelente y numerosísima producción científica en los dos últimos años) cuestionan alguno de los principios de los estudios originales de Badillo en 2010: hemos observado que no hay una misma velocidad para cada porcentaje de la 1RM, que la velocidad media es tanto o más fiable que la media propulsiva, que la relación carga-velocidad más fiable es lineal en lugar de polinómica y que lo más adecuado es usar perfiles individuales en lugar de valores medios. Sin entrar en los detalles técnicos, lo importante aquí es que esta línea de trabajos ha sido también criticada ferozmente por el hecho de contradecir los resultados iniciales de 2010. Algo tan sano y necesario en Ciencia, es interpretado como un ataque.
Siempre he considerado, y sigo considerando, al Dr. Badillo como un pionero y un auténtico referente en el entrenamiento de fuerza. Reto a cualquier lector interesado a buscar una sola de mis publicaciones, libros, clases o ponencias en las que no cite numerosas veces o no enseñe a los alumnos los trabajos del grupo de la UPO. Sin embargo, siempre he tenido un espíritu crítico y una menta abierta (lo cual considero indispensable para un buen científico), por lo que he aprendido y me he formado con numerosos investigadores y profesores de todo el mundo, muchas veces con opiniones contradictorias. Además, también me considero un autodidacta: he aprendido por mí mismo a programar apps para iPhone, y nunca he dejado de leer trabajos sobre rendimiento de grandes autores como Samozino, Morin, Haff, Mendiguchia, los propios Pedro y Amador, y tantísimos otros. El aprendizaje con el Dr. Badillo fue insustituible, pero hay más personas, investigaciones y líneas de trabajo que me han influenciado. De hecho, a día de hoy, puedo afirmar que esas otras personas han supuesto una mayor influencia en mi trabajo que el propio Dr. Badillo.
Supongo que, en definitiva, lo que parece molestar es que mis aplicaciones e investigaciones, así como las de otras personas que he mencionado en este post, hayan tenido cierta repercusión en redes y en las tiendas de apps. Tampoco ha debido ayudar el hecho de que mis validaciones hayan mostrado a mucha gente cómo PowerLift u otros dispositivos (como el Push o Beast), con los cuales tengo nula relación comercial, pueden ser una alternativa mucho más asequible al dispositivo que gente de ese grupo vende por casi 3000€. Es lamentable tener que recibir descalificaciones de este tipo simplemente por intentar aportar y divulgar sobre algo que me apasiona y que ha ayudado a tanta gente.
El "yo fui primero", el "yo soy el mejor" y, en esencia, el exceso de ego, es un cáncer en ciencia. Mientras tanto, yo vuelvo a mi habitual silencio, alejado del conflicto y centrado en mi trabajo. Tengo grandes proyectos entre manos.
Carlos.
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